Aunque han pasado muchos años, aun recuerdo mi primer día como profesora, estaba muy nerviosa y a la vez emocionada por saber cómo serían mis alumnos. Sin duda era un reto.
Empecé el día de muy mala manera: antes de llegar a clase, un estudiante que llevaba la mascarilla bajada, chocó conmigo, haciendo caer todos mis libros. En ese momento tocó el timbre y el chico salió corriendo, esta vez logré esquivarlo. A pesar de ello, conseguí estar de buen humor pensando en todas las frases de poesía que le iba a hacer copiar, en cuanto tuviera la mínima oportunidad de ponerle un castigo.
Por este incidente, llegué tarde a mi primera clase. Mi asombro fue enorme al ver a unos quince alumnos alborotados. La verdad es que pensaba que habría menos, ya que mi asignatura era bastante peculiar. Todos estaban gritando de pie. Para tranquilizarlos, con una sonrisa les mandé analizar unos versos de Whitman. Pasaron las horas y por fin se terminó el día.
Sin embargo, vi que alguien se acercaba a mí y giré la cabeza. Cómo no, aquel pequeño estaba intentando hacer una de sus trastadas. O eso pensaba, pero no fue así, porque pidió perdón. No sé si sería por los rumores sobre mis castigos, pero parecía que sus palabras eran verdaderas. Me dijo que se llamaba Michel.
Al día siguiente, apareció sentado en una de mis clases. La verdad es que a partir de ahí no tuve que poner más castigos. Poco a poco me fui ganando a aquellas fierecillas, a tal punto que se convirtieron en mis mejores amigos.
Hasta que ocurrió una desgracia. Michel enfermó gravemente, Su pulmón estaba empeorando, y no tenía cura. También había contagiado a algunos de sus compañeros, aunque estaban bastante bien, ya que eran asintomáticos.
Un día su madre me contactó, diciendo que estaba a punto de dejarnos. Nos despedimos de él con mucha tristeza, por medio de una llamada. Tres días después, nos abandonó.
La clase parecía vacía sin su espíritu inquieto. Nos dejó esta nota:
No lloréis mi pérdida. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar muy pronto. Por favor, disfrutad del tiempo que os queda, que ya veis que puede ser muy corto.
Sin duda, Michael y mi primer año como profesora, marcaron el resto de los que vinieron.