Me
encuentro en una casa, cerca de la costa, estoy de vacaciones. En mis 20 años
de vida, esta es la primera vez que puedo “descansar”. Pero no estoy bien.
Siento la carga del aire, que me impide respirar. Decido bajar a la playa, y descubro
un oasis, sin agua, lleno de basura, más de la mitad son mascarillas.
Cuando
era pequeña, mis padres me contaban que el mundo había sido diferente. No como
en su origen, pero tampoco como es ahora. Me es difícil imaginar esas épocas,
menos aún el futuro.
He
de decir que nunca he salido de mi casa, la mayor parte de mi vida la he pasado
sentada en mi escritorio. Tuve una infancia sin juegos, ni diversiones. Jamás
llegué a conocer un instituto, sin relaciones directas.
Todo fue por las pantallas, y no me di cuenta de cómo había sido hasta
hace unos días, cuando todo terminó. Me alegré del anuncio que pusieron en la
televisión de que habíamos vencido al problema.
Mis
padres murieron hace algunos años, el virus entró a sus cuerpos, en ese momento
la enfermedad era letal. Los hospitales se habían negado a ver a los enfermos,
por el alto riesgo al contagio.
Mis
padres, al igual que muchos otros, quisieron que viviera aislada en mi cuarto,
así que no llegué a contagiarme. Y eso me hace pensar, ahora que estoy aquí, de
qué me sirvió. Aprendimos, de la peor manera posible, que lo que más valor tenía era la
familia. Aunque yo me quedé sin la mía.
No
tuve tiempo de despedirme de mi madre, a la que más cariño tenía, ni de mi padre,
quien me enseñó cosas que nunca podré hacer.
Decido
no perder la esperanza, buscar a supervivientes por las casas. Poco a poco voy
reuniendo a las suficientes personas como para hacer lo que nuestros padres
debieron hacer en un principio: ser parte activa de la solución y no bajar
nunca la cabeza, menos ocultarse del mundo.
Empezamos
por quitar todos los residuos de la playa. Nos llevó un tiempo considerable,
pero cada vez somos más en esta tarea.
Pasa
el tiempo, y vamos reclutando a más personas hasta que ya somos un grupo
notable.
Nos
deshacemos de los aparatos que dañan nuestro hogar, hasta regresar a la época
que está en nuestros genes, pero no en nuestras vivencias. Somos
supervivientes.