Era un día tan soleado, el clima estaba tan calmado, que podría pasarse horas volando junto a las mariposas.
Pero no lo hacía. Estaba destinado a la soledad. Vivía encerrado y su único consuelo era todo lo que haría cuando consiguiera escapar de esas miles de rejas.
Un día, sin embargo, un gato apareció en su triste morada.
Cuando vio al pájaro solitario decidió que este iba a ser su delicioso almuerzo. Intentó alcanzarlo con su pata, pero no llegaba a tocarlo.
El gato ideó un plan para acorralarlo, pero el pájaro, mientras volaba de un lado a otro, salió por las mismas rejas que lo habían estado resguardado tanto tiempo.
Jamás había estado enjaulado, solo había necesitado que alguien le enseñara el camino. Y por eso, estaría eternamente agradecido al gato, ya que le dio su preciada libertad.

