¿Te has parado a pensar que los sentidos algunas veces nos pueden llegar a jugar una mala pasada?, pero ¿para engañarnos o para conocer y experimentar nuevas cosas? Normalmente confiamos en nuestros sentidos básicos, por lo que nos cuesta admitir que éstos puedan engañarnos, alterando nuestra percepción de la realidad.
Por ejemplo, cuando vemos un cristal impecablemente limpio, pero en realidad no lo vemos pensamos que no hay ningún obstáculo, percibimos gracias al tacto y al golpe que nos hallamos dado que nuestros sentidos nos han engañado. Antes de habernos topado con el obstáculo no hemos podido pararnos a pensar si nos íbamos a chocar con algo, ya que la vista nos afirmaba que no lo había.
O cuando el sentido de la vista nos lleva a probar una comida en apariencia deliciosa, y al probarla no está tan apetecible como parecía. También cuando estamos seguros de haber oído un ruido, como el sonido del móvil y solo era una falsa señal.
Sin embargo, los sentidos son sumamente importantes, ya que en algunas ocasiones nos pueden salvar la vida advirtiéndonos que viene un coche muy rápido que nos puede atropellar. Nuestros sentidos nos dan una descripción del mundo que nos rodea, y en esta disertación intentaremos descubrir si son fuente de engaño o de conocimiento.
Nuestras percepciones no nos dan un fiel reflejo de lo que es real, pues seleccionamos, organizamos e interpretamos los datos que vienen de los sentidos. ¿Cuántas veces somos nosotros los que nos engañamos? No queremos ver la realidad en la que vivimos y nos enfrascamos en nuestras ideas.
Platón planteaba la diferencia entre el mundo sensible y el mundo de las Ideas. Las Ideas, no se ven ni se pueden tocar, pero no podemos negar que existen.
El aire tampoco lo vemos, no obstante, sabemos que está.
Descartes nos dice que nuestros sentidos nos engañan de vez en cuando y que es prudente no confiar nunca en aquello que nos ha engañado aunque haya sido por una vez, lo que nos recuerda su famoso "pienso luego existo".
Russell afirma que es muy fácil que nuestros sentidos nos engañen.
Si hacemos un ejercicio de forma inversa, ¿podemos manipular la realidad para que la percibamos de una manera determinada?
Platón lo ejemplifica en el mito de la caverna, donde dos mundos aparecen diferenciados: el sensible, de los sentidos, corruptible y mutable en contraposición al de las ideas y el del conocimiento y la realidad. Sin embargo en el mito, ambos mundos no son compatibles.
¿Es posible que nuestros sentidos nos permitan acercarnos a ambos mundos? En un principio podríamos pensar que no es posible, que solamente los sentidos nos permiten acercarnos al mundo material, aunque si no nos hubiésemos dado el golpe en el cristal, no hubiéramos llegado al conocimiento, y por tanto a la realidad del obstáculo, es decir, de alguna manera ambos mundos son compatibles.
Por todo lo expuesto anteriormente, es un hecho que la percepción es el resultado de la interacción entre el objeto percibido y el sujeto que percibe, donde nuestros sentidos juegan un papel de engaño, conocimiento y experimentación.
Todos estos factores contribuyen a un resultado final, pero es la interpretación que damos a esta percepción la que permitirá un acercamiento mayor o menor al conocimiento de la realidad, tomando siempre en cuenta que como todo en la vida, depende de los ojos con los que los miremos, de modo que para una persona le puede parecer que los sentidos nos están engañando, y para otra que no, puesto que además de los sentidos en las personas intervienen circunstancias propias de su proceso histórico.