En memoria a Vicenta, mi querida amiga.
Nuestra amistad comenzó por casualidad. Nos encontramos y vimos que seríamos las mejores amigas para siempre.
Siempre dispuesta y alegre. Tu única prenda era una sonrisa. Ayudabas a cualquier persona en cualquier momento.
Quedábamos todas las tardes y charlábamos largas horas, tanto es así que a veces nos reñían, pero oye -decías tú-, que no hacemos nada malo.
Así pasaron tres años donde mi corazón se abrió y te hizo un hueco enorme, puesto que tú, te lo merecías.
Sin embargo, nuestro camino se paró al dirigirme al lugar donde solíamos quedar y no encontrarte. Pregunté a tus hermanas y me dijeron que algo muy terrible te había sucedido.
Tu estómago estaba dañado y habías mostrado signos de ello. Mas, llevabas con ello un tiempo. ¿Por qué tenías que ser tan buena como para aguantar el dolor tanto tiempo? No dijiste nada, ni diste muestras de sufrimiento. Únicamente te preocupabas de que las personas a tu alrededor estuvieran felices.
¿Quién lo haría entonces si tú estabas lejos?
Te trasladaron al hospital de Madrid, solíamos hablar por teléfono, como lo hacíamos antes, pero no era lo mismo. De vez en cuando te mandaba cartas para que te animaras, puesto que pensaba que sería aburrido estar esperando la quimio encerrada en tu habitación.
Y así, tristemente, trascurrió un año, quizás algo más.
En esa etapa decías que estabas muy mejorada, sin apenas signos de dolor, que pronto volverías.
Ya ideaba nuestro reencuentro, pensaba en el abrazo que te regalaría a tu llegada, y que todo volvería a ser como antes.
Un día algo no cuadró, dijiste que pronto volverías, que la última quimioterapia había terminado- como siempre-, pero al hablar con la enfermera, me aseguró que estabas decayendo, que era tu peor momento.
No quise creerla, ya que sinceramente, estaba haciendo los planes para tu regreso. Pero la enfermera tuvo razón, pues a mi siguiente llamada, una semana después, ya nos habías dejado.
¿Por qué, cáncer, tenías que quitármela?- Me dije entre llantos.
Sabía que la vida era así, que las personas mueren y así es como debe ser. ¿Pero por qué contigo? Era muy injusto que alguien como tú se fuera de nuestras vidas.
Entendí, tiempo después de preguntármelo, que no muy tarde llegaríamos a encontrarnos y que nuestra amistad, las risas y los recuerdos permanecerían en mi corazón mientras tanto.
Gracias amiga por enseñármelo. Gracias por ser valiente, por luchar, por tu optimismo. Verdaderamente eres, has sido y serás un modelo de persona extraordinaria.
No tuve tiempo de agradecértelo, pero lo hago ahora. Te agradezco enormemente todo lo que me regalaste sin esperar nada a cambio.
Hasta pronto querida amiga.