Unos acordes resonaban en la oscura noche. Cualquiera que saliera a esas horas podía percatarse del contraste entre el silencio de la calle y la dulce melodía que invadía al pequeño pueblo del sur de Londres.
Mientras que el pueblo dormía, las notas acompañaban al baile gatuno que los mininos estaban celebrando aquella noche.
Los gatos estaban felices porque cada noche celebraban que se estaban aprovechando de los humanos. Sin embargo, los animalitos se asustaron al ver a un humano.
-¿Quién es este? -dijo el líder.
-Ni idea. No creo que nos de problemas. Pero miradlo, ni puede dar un paso.
Y es que el humano estaba sonámbulo.
-Ya vuelve a su casa.- dijeron mientras este daba media vuelta y regresaba.
Y los gatitos continuaron bailando junto al humano, el cual no duró mucho de pie, ya que en un momento se acurrucó en una silla y continuó durmiendo.
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