El fuego incandescente,
bajaba por la pendiente,
incluso en aquella fuente,
seguía la corriente.
El agua ni siquiera aparecía:
había una terrible sequía.
En las nubes se dormía,
eso sí existía.
El frío otoñal llegaba en verano.
Esto no era humano,
al menos no para Emiliano,
quien no tenía un abrigo a mano.
La Tierra era una aleación,
una combinación,
fruto de la ambición,
y de la adquisición

Esperando tus escritos.....
ResponderEliminarDespués de muchos meses, puedo comprender el significado de tu poema, siento la sequía de tu poesía, tengo el frío otoñal sea verano o primavera en medio de un mar de ambición.
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