martes, 27 de febrero de 2024

La positividad de la pereza



Había una gata que destacaba por su pereza. Pasaba los días en su sillón, apenas inmutándose salvo cuando el hambre apretaba y entonces, con maullidos insistentes, requería la atención de su dueña. 

Tan marcada era su ociosidad que incluso esperaba con ansias que le presentaran el agua en una elegante taza de té. En cierto sentido, podría decirse que la gata poseía una etiqueta exquisita, como si perteneciera a una familia de linaje inglés.

Sin embargo, un día todo cambió. Un nuevo miembro llegó a la familia, un cachorro que capturó la atención y el afecto de todos, dejando a la gata en un segundo plano. Abandonada en la calle, se sintió desamparada, temerosa de no volver a tener los beneficios a los que estaba acostumbrada.

Pero el destino le deparaba una sorpresa. Una mujer, elegante y serena, con un lazo rosa adornando su cabello y ojos que expresaban comprensión, cruzó su camino. Al ver a la gata, algo en su mirada la reconoció, y sin dudarlo, la condujo a su hogar, brindándole un refugio seguro y amoroso.

La gatita se quedó asombrada: estaba en la mismísima casa de la reina, y ahora sí que pertenecía a la nobleza. ¡Ahora podría tomar el té con su nueva dueña!



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