Había una almendrita,
era muy chiquita.
Crecía en lo alto de una ermita,
aquella que con los montes limita.
Un día llegó Margarita:
alegre de ver por fin a la almendrita
en su pancita.
Pero la cuestión era que la planta estaba marchita,
porque había recibido otra visita:
la de Adelita.
Esta había recolectado su comida favorita,
y no había dejado ni una plantita
Almendro en flor, Van Gogh, Museo Van Gogh, Ámsterdam, Países Bajos.
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