-¡Auxilio! ¡Nos van a atacar!- dijo un señor que venía apresuradamente montado en su caballo.
El capitán Frans Banninck Cocq salió de sus aposentos respondiendo: -¿Cuánto tiempo tenemos de margen para prepararnos?-Llegarán en cualquier momento. Estimo que en una hora.
-Todo el pueblo hará la ronda de noche. Nos prepararemos para atacar.
Una hora después, el pueblo estaba listo para la batalla.
-Mi señor, ya ha pasado más de una hora. ¿Cuándo se supone que nos atacarán?
-¡Silencio! Su estrategia es el despiste. Esperaremos.
Al día siguiente, el pueblo continuaba en silencio.
-Capitán, dudo mucho que alguien venga de día.
-Es cierto. Haz traer al mensajero.
-Aquí está.- dijeron arrastrándolo hasta el capitán.
-¿Dónde se encuentran los atacantes?
-Estaban a las afueras del pueblo.- el mensajero indicó al capitán el lugar exacto donde los había visto.
-¿Por qué se ríe, capitán?- preguntó el mensajero.
-Porque no son atacantes, son piedras.
-Oh, ¡cuánto lo siento!
-Tranquilo, ya sabemos que estás mal de la vista.
-Esta noche haremos una ronda de noche. A partir de hoy, cada noche haremos nuestra ronda por si nos llegan a atacar las piedras.
Y el pueblo se rio a carcajadas.
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