La vida del gato peligraba cada vez más.
En esta ocasión, Misifús salió fuera de casa. Le había entrado el espíritu aventurero y quería conocer más de lo que su amo le podía dar. Se fue cautelosamente. Sin embargo, su amo era más listo y ya se había dado cuenta de que lo quería dejar solo. Salió y le dio un susto tan grande que el minino le enseñó los dientes y casi lo araña.
Justo entonces, Misifús se percató de que no tendría ningún hogar si se marchaba y decidió acatar sus decisiones.

Misifús travieso ����
ResponderEliminarPobrecito
ResponderEliminarMisifús de cuidado.
ResponderEliminarPOBRE GATO!
ResponderEliminarJa ja... me gusta el relato, a la vez nos enseña una lección.
ResponderEliminar