Habían unos duendecitos que trabajaban mucho durante una época del año en concreto.
En invierno su trabajo era muy demandado en casi todos los sitios del planeta, y tenían que correr a hacer las entregas a todos sin retrasarse.
Se dedicaban a adornar las copas de los árboles, crear copitos de nieve y cubrir todos los lugares de un blanco especial.
Hacían del noviembre un frío mes, y del diciembre el mes más gélido del año, con una blanca Navidad. ¿Aún no llegaron a tu ciudad? Pues de camino están.
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