Loren iba todos los días a clases por las noches en su colegio. Al acabar este, salía y se iba a su casa tranquilamente.
Un día, al salir de clase, y distraerse unos minutos más de la cuenta, las luces se apagaron, y se oyó que la puerta principal se cerraba.
La luz de la Luna era lo único que iluminaba los oscuros pasillos.
Loren continuó caminando, hasta llegar a la puerta y ver que estaba cerrada. Siguió recorriendo los pasillos, cuando un escalofrío le recorrió al sentir una presencia.
Se dio la vuelta y vio petrificada una silueta, que no llegaba a identificar. Retrocedió unos pasos, pero esta la siguió.
Entonces escuchó un maullido y la figura se dio a conocer. ¡Era el gato de la escuela! ¿Cómo podía haberlo olvidado?
A pesar de ello, Loren tuvo que quedarse a dormir esa noche, aunque acompañada por el minino.
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