Había una gatita que era muy cotizada: todos los gatos la perseguían. A pesar de su aspecto, (delgada, seria, aburrida, sumando el hecho de que no tenía nada que destacaba en su rostro) todos los mininos la seguían como si de la diosa Venus se tratara.
La gatita era muy mala, correteaba por las plantas de sus amos y saltaba por todas partes llevando consigo a su tropa de fieles seguidores.
Un día, subiéndose al tejado consiguió trepar al dintel de la puerta. El problema era que el lugar no podía con su peso, así que tropezó y cayó.
Esta lección no le sirvió para mejorar, pero, al menos, sus seguidores dejaron de alabarla.
Cuanto más alto, más duele la caída.
ResponderEliminar