Ayer fui al zoológico con mis padres, y me paré un rato para ver una serpiente, que no se despertaba.
Al llegar a la conclusión de que continuaría dormida, busqué a mis padres, pero todo estaba desierto.
-¿Hay alguien?- pregunté.
Nadie contestó, así que busqué una salida. Todas las puertas estaban cerradas. "¡Oh, no! Estoy atrapada!"- me dije.
Unos pasos comenzaron a manifestarse, y, al dirigirme a comprobar de qué se trataba, me quedé asombrada: todos los animales se habían reunido para hacer una fiesta.
Al menos, descubrí que los animales eran inofensivos, y no me aburrí tanto como había previsto.
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