Da Vinci estaba tan fascinado por una mujer que no dejaba de pensar en ella. Entonces, un día le preguntó qué le parecía si la pintaba. Esta, afortunadamente aceptó.
Para él, era tan bella que tuvo que cometer el "intencionado error" de pintarla sin cejas. Así, él podría disfrutar de su belleza, mientras que otros disfrutarían de su obra.
Mona Lisa, Da Vinci, Museo del Louvre de París.
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