Un gato obligado y otro que disfrutaba jugando al ajedrez. Michi no sabía cómo lo habían convencido para vestirse de traje y jugar una partida de ajedrez con el ganador gatuno más famoso de la historia.
La batalla no había empezado y Michi ya quería volver a su casa y quitarse ese horrible traje que además de incómodo, era ridículo.
Los espectadores los miraban entusiasmados, parecía que admiraban al competidor.
Tres gatos se sentaron bajo la mesa y con sus patas repartieron quién era el que comenzaría a jugar. Le tocó al ganador.
Cuando parecía que la batalla estaba perdida, Michi logró distraer al ganador y consiguió el esperado jaque.
Todos los felinos aplaudieron con sus patas, pero Michi ya había desaparecido, al igual que el traje que llevaba consigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario