Un día llegó a mis manos una capa de invisibilidad que me alegró, en parte, la vida.
Me la ponía para oír conversaciones y entrar a cualquier sitio sin ser vista.
Sin embargo, quise utilizarla con mis padres, y oí una conversación sobre mí. Decían que era un estorbo, así que me fui llorando.
Vagué por todas partes, hasta que mi madre me encontró en mi lugar secreto. ¿Por qué tenía que habérselo revelado?
A pesar de que pasé unas horribles horas, los asuntos se resolvieron al saber que no hablaban de mí sino de un objeto de la casa.
En consecuencia, jamás volvía a ser invisible, aunque disfruté de vez en cuando escondiendo objetos, pero ese será nuestro secreto.
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