Todos los mortífagos se reunieron en la mesa para celebrar la victoria. Ahora que Harry Potter había muerto, ya no había nadie que impidiera la derrota a aquellos sangresucia.
Por fin encontrarían el modo de juntar a los sangrepura y eliminar a los impuros.
La historia se volvía a repetir. Esta vez, Voldemort actuaba como un Dumbledore envidioso, que odiaba las hazañas de su tío.
Sin embargo, sería diferente, puesto que los mismos Malfoys estaban dispuestos a pelear por los impuros.
Lo que los mortífagos no pensaban era que la profecía volvería y nacería un niño, hijo de Albus Severus Potter.
No obstante, ahora no sería nada fácil para Dumbledore encontrar al niño para hacerle una cicatriz en forma de luna.
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