Había un señor que solo sabía hablar,
y por su boca mentiras solo podía soltar,
estaba disfrazado de un buen comunicador,
pero era tu peor temor.
No tenía un buen discurso,
solo seguía un curso,
que era el de hablar enseñando otra cara,
para que el mal nunca faltará.
Era imposible que tuviera el don de la palabra,
por ello usaba esa estrategia macabra,
y es que la charla tenía que acabar,
era un acto mentiroso a más no dar.

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