Ahora vivo en la casa de Meredith. Estoy mirando la chimenea. "¿Y si hay algo más en ella?"- me digo.
Encuentro otra pista. Concretamente de la enfermedad de Meredith. Descubro que sus padres no se habían mudado a la casita amarilla para proteger a su hija de la guerra, sino para protegerla de la enfermedad.
Sabían que tarde o temprano moriría.

No escribas de guerra, ni de enfermedades, mejor de alegrias.
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