Las palabras se hacían eco,
el pasillo dejaban hueco.
Había un muñeco,
que tenía un chaleco,
y estaba chueco,
las voces se oían por cualquier recoveco.
El muñeco, guardaba historias en su pecho,
estaba feliz, eso era un hecho,
en el pasillo estrecho,
miraba el techo,
se preguntaba qué podía hacer de provecho,
para estar satisfecho.
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