La vela encendida,
para dar la bienvenida,
porque Él hace su venida
para que tú le des su acogida.
Desde entonces Él te cuida,
por ti dio su vida,
no importó la herida,
solo la cumplida.
"Las palabras se las lleva el viento. Lo único que perdurará serán los escritos. Por eso aquí te dejo los míos"- Sarah García
La vela encendida,
para dar la bienvenida,
porque Él hace su venida
para que tú le des su acogida.
Desde entonces Él te cuida,
por ti dio su vida,
no importó la herida,
solo la cumplida.
Los billetes tenían que falsificar,
y no ajar,
sino cuidar,
para así no tener que testificar.
Todos al azar,
poder cualquier suma pescar,
y sin pensar,
los billetes fama podían brindar.
Los ladrones bien sabían pescar,
con solo calcular.
Hoy era el cumpleaños de una persona muy importante en la vida de Mary, su abuelita. Había estado toda su vida junto a ella, hasta que falleció, y dejó un enorme vacío en Mary.
Sin embargo, ella se acuerda de su abuela todos los años, de todos los momentos vividos con ella, porque, como escribió un día, Los recuerdos están en el corazón.
El agua es un problema del que muchos no estamos concienciados del riesgo que tiene. Y es que, según un número innumerable de estudios, en un futuro no muy lejano el agua se acabará, y se prevé que terminemos luchando por la poca agua que quede, e incluso como en el Paleolítico, estando meses sin ducharnos.
Así que desde aquí les pido que reduzcan su consumo de agua, que la utilicen en una correcta medida, creando un hábito de consumo, y que conciencien a sus amigos, familiares, etc.
Si aportamos, aunque sea un pequeño granito de arena, frenaremos el paso al abismo al que nos dirigimos.
Hoy es el día que recordamos a todos los santos.
Desde aquí, les pido que nos unamos en una oración en este día tan importante y oremos por todos los que ya no se encuentran con nosotros.
Grandes edificaciones. Altos edificios, que cada vez crecen más. El monstruo crece y nadie sabe cómo pararlo.
Los edificios se convierten en grandes fortalezas para proteger a los ciudadanos.
Un dragón de grandes magnitudes, que cambia de tamaño. Construye sus fortalezas, pero nadie le gana en altura.
Se asemeja a un enorme incendio, y nadie sabe cómo frenarlo.
Gatos del mismo bando estaban enfrentados para conseguir la misma comida. Había un grupo que era egoísta y decía que mientras más gatos hubiera, menos comida tendrían.
Entonces, retaron en combate a los del otro bando. Se armaron con sus mejores corazas.
Mas el otro bando veía que no merecía la pena luchar por comida, así que se retiró. Los otros, sin embargo, comieron más ya que eran cuatro gatos.
El grupo que se había ido cazó eficientemente, y los egoístas, al ser pocos, no podían cazar tan bien como hubiesen querido, por lo que fueron a pedir ayuda a sus antiguos compañeros, arrepentidos por lo que habían hecho.
Entonces, ambos bandos volvieron a unirse y consiguieron mejores comidas que antaño.
Era mi fiesta de cumpleaños. Estaba muy emocionada. Me puse mi mejor vestido, con unas medias blancas y recogí mi cabello con un bonito lazo.
La tarta era enorme, de dos pisos y decorada con perlas.
Estuve esperando a que llegaran mis amigos, pero no vinieron, y fue lo mejor, porque en ese momento toda la decoración cobró vida y estaba acompañada por muchos objetos vivientes, incluida la tarta.
Sin embargo, una hora después se apagaron, ¡pero tuve la mejor fiesta de cumpleaños de la historia!
Estaba muy emocionada porque por fin iba a cumplir mi sueño: viajar en un avión de dos plantas. Y aunque el destino no fuera uno de mis preferidos, estaba en el aeropuerto como siempre: mirando boquiabierta los aterrizajes, despegues, los aviones.
Aún no consigo entender cómo es que las personas no se paran a observarlos y admirarlos. Siempre con prisa, perdiéndose semejantes maniobras.
-Algún día, me dije, pilotaré un avión. Pero eso será en mucho tiempo.
La cuestión es que en ese momento, me dirigía a la China. El viaje fue genial. Lo mejor eran las mariposillas en el estómago cada vez que el avión subía y bajaba.
La China era un monstruo gigante, y el idioma era tan feo que era mejor ni mirar los carteles. El día que llegamos era festivo, por lo que no había mucha gente en el aeropuerto.
Sin saberlo, celebramos allí el año nuevo chino, y la verdad, sabiendo cómo sería la comida, traje algunos aperitivos desde casa, ¡pero guardadme el secreto!
Era el año del falso gato, así que habían gatos por todas partes. Me regalaron uno blanco y negro. Era muy feo, con los ojos achinados.
Unas hojas caían,
casi todas morían,
otras sobrevivían,
mas después se chamuscarían.
Algunas aprenderían,
otras se dormirían,
y por los aires vagarían,
las pobres no se salvarían.
Vengo a contarles que he hecho un libro con una selección de relatos, historias, curiosidades, etc. Es un total de 100 páginas, por lo que el archivo es grande. El link donde pueden descargarlo está al inicio del blog, aunque lo dejaré en esta entrada.
Me hace mucha ilusión, ¡Espero que les guste! ¡Gracias por todo el apoyo!
Este es el enlace:
¿Has pensado alguna vez que las hormigas son los animales más trabajadores? Obviamente, si tenemos que compararlas con los gatos, ganan las hormigas.
Mientras que los gatos duermen, comen y vuelven a dormir, las hormigas son un claro ejemplo de trabajo en equipo.
Una hormiga no es capaz de hacer mucho, pero todas juntas pueden conseguir la comida suficiente como para todo un año.
El trabajo de la hormiga nunca se le reconoce, pero al gato se le alaba. ¡Qué triste es la vida de estos pobres animalitos!
Un día llegó a mis manos una capa de invisibilidad que me alegró, en parte, la vida.
Me la ponía para oír conversaciones y entrar a cualquier sitio sin ser vista.
Sin embargo, quise utilizarla con mis padres, y oí una conversación sobre mí. Decían que era un estorbo, así que me fui llorando.
Vagué por todas partes, hasta que mi madre me encontró en mi lugar secreto. ¿Por qué tenía que habérselo revelado?
A pesar de que pasé unas horribles horas, los asuntos se resolvieron al saber que no hablaban de mí sino de un objeto de la casa.
En consecuencia, jamás volvía a ser invisible, aunque disfruté de vez en cuando escondiendo objetos, pero ese será nuestro secreto.
Allá en el universo lejano, reinaba la paz y la armonía. Todos los astros estaban perfectamente alineados y giraban en torno a sus órbitas felizmente.
La melodía que se escuchaba era el pacífico silencio. Los astros, cometas y planetas celebraban por esa paz. Toda mi familia se reunía cada día para dar un paseo por el cielo oscurecido.
Más, pese a todo pronóstico de continuar con nuestra vida de risas y paseos, el universo comenzó a cambiar.
Los humanos instalaron sus artefactos y tiraron basura y más basura a nuestro hogar, hasta llenar completamente nuestras casas de ellas, dando lugar a que no podamos caminar tan libremente como antaño.
Nuestro ambiente, que esperábamos que no fuera masacrado de una manera tan violenta, pronto se vio invadido.
No podemos continuar así. Somos simples componentes del universo, no merecemos este sufrimiento.
Queremos volver a ser felices, a poder pasear sin toparnos con objetos de humanos y sus desechos.
¡Por favor, ayúdennos! Sólo ustedes pueden reparar el daño causado.
FDO: Un astro más afectado y desesperado por las devastadoras acciones de los humanos.
En casa de Silvia ocurría algo completamente extraño. El queso desaparecía sin dejar rastro. Entonces la madre de Silvia decidió darle a su hija el trabajo de buscar al ratón que lo hacía desaparecer.
Silvia estaba muy contenta, puesto que le gustaba los misterios, así que esa misma noche estuvo en vela para espiar al ladrón. ¡Y no pasó nada! Y así sucedió las siguientes noches.
Silvia pensó en una nueva estrategia: comprar más queso, y esperar en otro lugar. Esa vez sí que sucedió. El misterio terminó al descubrir que un gatito robaba el queso para dárselo a un ratón.
¡Qué situación más graciosa!
Un gato saltó el tejado, y al ver la posibilidad de desayunar, corrió tras un ratón, mas este fue más rápido.
Un pájaro rondaba por la zona y vio los intentos del minino, aunque fueron inútiles, puesto que el pájaro terminó en la barriga del minino, pues el animal alado se entretuvo al ver un pequeño trozo de comida.
Y ¡zas! este instante fue aprovechado por el ágil minino que en un santiamén se comió el desayuno.
Ahora bien, debía pensar en qué hacer para la cena, pero esto iba a ser más fácil que haber atrapado al pajarito.
Todos los mortífagos se reunieron en la mesa para celebrar la victoria. Ahora que Harry Potter había muerto, ya no había nadie que impidiera la derrota a aquellos sangresucia.
Por fin encontrarían el modo de juntar a los sangrepura y eliminar a los impuros.
La historia se volvía a repetir. Esta vez, Voldemort actuaba como un Dumbledore envidioso, que odiaba las hazañas de su tío.
Sin embargo, sería diferente, puesto que los mismos Malfoys estaban dispuestos a pelear por los impuros.
Lo que los mortífagos no pensaban era que la profecía volvería y nacería un niño, hijo de Albus Severus Potter.
No obstante, ahora no sería nada fácil para Dumbledore encontrar al niño para hacerle una cicatriz en forma de luna.
Todo comenzó debajo de un grande olmo. Bueno, en realidad no era grande. Lo que pasa es que yo apenas tenía siete años, y claro, lo veía como un gigante.
Iba todas las tardes a sentarme bajo él, y aunque yo crecía él crecía diez veces más. Se encontraba en un parque cercano a mi casa, pero poca gente tenía la oportunidad de disfrutarlo como yo lo hacía.
Un buen día de esos, una niña que parecía tener mi edad se acercó y se sentó conmigo debajo del árbol. Desde entonces, ya no iba a visitarlo tan sola. Nos encontrábamos todos los días allí y charlábamos tan largo y tendido que nuestras madres venían y nos traían la cena, por miedo a que muriéramos de hambre.
Nos lo contábamos todo. Hacíamos también algunas veces fiestas de té, y solíamos jugar a trepar el árbol mientras íbamos creciendo.
Nuestra amistad, sin embargo, terminó unos años después cuando ella no vino un día.
Me enteré de que estaba muy enferma y nos había dejado. Lloré, mas siempre agradecí a aquel árbol por haberla cruzado en mi camino.
Para mí fue como la hermana que nunca tuve, por eso decidí enterrarla bajo el árbol.
Una niña pequeña con dos trenzas jugaba por un campo a atrapar mariposas. El campo estaba repleto de ellas, aunque éstas eran mucho más rápidas.
Un día pidió a su madre que la ayudara, así que idearon un plan para atrapar a una. Con suerte, cogieron a la mariposa más bella y la introdujeron en una caja con agujeros.
La mariposa, aunque dentro tenía flores y plantas, no volaba. Parecía apenada.
Entonces, la niña pensó que quizás no le gustaba la casa que le había hecho, y la dejó en libertad cerca de un arbolito.
La mariposa revoloteó feliz, y se acercó a la niña, agradeciéndole lo que había hecho. Y ella comprendió que los animalitos debían estar en libertad.
En lo alto de la chimenea, yacía un peculiar gato, ya que no decía ni miau. Se dedicaba a observar a las personas desde su aventajado lugar. Comía de vez en cuando un trozo de carne, pero estaba pensando hacerse vegetariano.
En ese momento pasaba su hermano, y lo vio. Como de costumbre, rio porque era vegetariano. Él defendió que si todos eran animales, no deberían sufrir matando a otros. Las plantas, en cambio, volvían a crecer, pero una vida jamás se reemplazaría.
Lo llamaron cobarde, mas su hermano pronto le dio la razón cuando un pájaro lo salvó de la muerte.
Entonces, todos los animales se unieron y comenzaron a comer verduras. Además de aumentar en especie, llevarían una vida saludable.
Unos ronquidos inundaron la habitación. El pequeño minino decidió no entrar en pánico, porque si de una enorme fiera se tratara, el sonido sería más fuerte, así que entró a curiosear de quién podría venir aquel sonido.
No pudo avanzar más, pues visualizó una figura en medio de las sombras que parecía una horrible bestia, y corrió.
Sin embargo, no caminó mucho, porque se topó con uno de los más temibles enemigos que un gato pudiera tener: un perro. -¿Qué estás haciendo?- le dijo éste. -Huyo de una bestia peor que tú.-contestó. -¿Ah, sí? ¿Y dónde está?. -Aquí dentro. La he visto con mis propios ojos. Si te atreves, puedes entrar.
El perro, mostrando su valentía abrió la puerta, pero la volvió a cerrar al oír un sonoro ronquido, y ambos animalitos salieron corriendo de la casa.
Aunque los ronquidos procedían del amo del perro, los dos animales se hicieron los mejores amigos. El perro sirvió de protector del gato, ya que el minino era muy asustadizo, y juntos vivieron una enorme cantidad de aventuras, que, tristemente, forman parte de otra historia.
La señora Weasley entró a casa, como todos los días, pero hoy no sabía lo que hoy se encontraría, mejor dicho, a quien no encontraría.
Sin embargo, tardó bastante en percatarse del suceso, pues tantos Weasleys había en casa que no distinguió quien faltaba. Cuando todos se prepararon para ir a comprar el material para el próximo año en Hogwarts, se dio cuenta de que Ginny no estaba. La buscaron, mas no estaba en ningún rincón de la pequeña casa.
No muy lejos de allí, Harry dormía tranquilamente hasta que una pesadilla le invadió. Pensó que iba a ser igual que las demás, que vería a Voldemort, pero esta vez se equivocó, pues a quien vio fue a Ginny dormida en un calabozo.
Rápidamente se despertó y fue a buscar a Ron, había visto su guarida, y decidieron ir, aunque no sabían si volverían con vida.
Harry abrió los ojos y despertó de otra de sus horribles pesadillas. -Ya no lo dejaré entrar, se dijo, a pesar de saber que era algo muy difícil. Entonces hizo lo que jamás pensó que haría, fue al despacho de Snape a pedirle ayuda, porque sino Voldemort terminaría con su sueño.
Eduardo desembarca en la isla de los Dioses, está en una nueva aventura, buscando la calavera del ahorcado. A la derecha encontrará un cayado flotante que le ayudará en su próximo destino.
Más tarde, a paso lento durante unos diez minutos, hallará la Sierra del Escorpión, donde deberá bordear la ribera para vencer a los escorpiones gigantes, maléficos y venenosos con ayuda del cayado. Al mismo tiempo, intentará atravesar la cota más baja de las arenas. Deberá dormir allí para ver el primer rayo de luz del amanecer sobre las frondosas palmeras, una hendidura con la siguiente pista.
Luego, al sur verá el Lago de los Tiburones. Cuando lo atraviese, llegará a la Cabaña Maldita y deberá buscar una oquedad en la puerta donde estará la llave del tesoro y un mensaje que le llevará a la Cueva Negra, donde deberá derrotar al dios del Fuego.
Si al día siguiente sigue vivo, dará cincuenta pasos al norte y escarbará hasta encontrar un cofre que sólo abrirá introduciendo la llave en la tercera hendidura. Sólo así, Eduardo podrá hallar el tesoro.
Vivíamos en una ciudad. Hace muchos años que habíamos derrotado a Voldemort, pero yo aún tenía pesadillas sobre él.
Tenía miedo de que volviera, de que encontrara otra manera, como lo hizo la anterior vez de llegar a nuestro mundo. El miedo me invadía de solo pensar que lo más probable era que buscara primero a mi familia, para así dañarme más profundamente.
En el fondo pensaba que regresaría un día, y por eso fortalecíamos la ciudad con conjuros todos los días. Horace se dedicaba siempre a hacer guardia, por si algo pasaba, y también hacía conjuros que me permitían dormir sabiendo que nada me ocurriría.
Sin embargo, mis pesadillas se hicieron realidad un día. Todo se volvió oscuro, y casualmente me hallaba solo en casa. Ginny se había ido con los niños, y yo preferí quedarme.
Vi una cara que creí que jamás volvería a ver. Voldemort se acercó y llamó a dos dementores para que primero me quitaran los recuerdos más felices, y después él me mataría.
Abrí los ojos y vi a Ginny y a Albus, mirándome. Me di cuenta de que Voldemort jamás regresaría y que debía pasar menos tiempo obsesionándome con él y más con mi familia.
Soy un pájaro muy alegre. Ya me conocéis. Canto todo el rato, hasta tal punto que dejo al que me escucha sordo con él.
Hace un mes enfermé y mis patitas están dañadas. Suelen sangrar, y tenía miedo de perderlas, pero mis amos se preocuparon por ellas, y ahora estoy mejor.
Es cierto que hay una pata que me duele más que otra, aunque siento que se van curando poco a poco. Antes deseaba estar en libertad, ahora estoy feliz de tener una familia.
Espero curarme pronto, agradezco que mis amos se preocupen, y no contagiar a mis hermanos.
Ya que estoy feliz me despido de vosotros, y os animo a encontrar una familia que os quiera, tal y como hice yo.
Veía una habitación oscura, siniestra. Un calculado orden destaca en ella. A pesar de la poca luz, se podía apreciar una lámpara antigua, que estaba llena de polvo.
Escasa luz entraba por una ventana entreabierta, que estaba casi cerrada por completo. Además había un enorme escritorio en forma de un cuadrado, donde reposaban algunos libros, y un sillón desgastado, al igual que las demás pertenencias de la habitación.
La chica decidió entrar a la habitación, y justo en ese instante se oyó un ruido, lo que hizo que huyera tan rápido como hubo entrado al cuarto.
¿Qué habrá sido?- pensó.- Mejor no volver a entrar.
Un enjambre de abejas amenazante
y un tímido cantante.
Las abejas temen que su voz sea acallante,
pero no abochornante,
aunque sí acompañante.
Los insectos adoptaron un modo balanceante,
no sabían que con su cante
caería agua abundante,
sin dejar en el enjambre alguna vacante.

Lucía llevaba un vestido amarillo y blanco, con un lazo a juego. En su cabeza yacía un hermoso sombrero amarillo, con otro lazo. Su melena estaba sujeta con una coleta, y el viento hacía que sus pequeños bucles se movieran.
Sostenía además una toalla, a juego con su conjunto. Estas eran sus primeras vacaciones después de varios años sentada frente a un ordenador, y había decidido aprovecharlas.
Su destino era una tranquila isla, pero no sabía los planes que le estaba preparando el futuro, ni jamás lo hubiera imaginado.
Esta es la historia de la ovejita más bonita de todo el rebaño. Tenía cuernos, y era negra, pero al mirarla se notaba que tenía algo especial. Una niña que decía ser su dueña le hablaba a todas horas, y le llevaba a escondidas comida. Más lista que sus hermanas, ella corría cuando la niña se acercaba a ella.
La ovejita estaba muy contenta, porque sabía que la niña la cuidaba y quería, pero un día algo pasó. Cuando la niña fue a darle comida, no la encontró.
La buscó por todas partes, hasta que la halló debajo de un árbol junto a dos ovejitas pequeñas: una blanca y otra negra.
Este libro nos lleva de una manera amena y didáctica al mundo de la filosofía, tanto en autores, como en las preguntas más existenciales que nos planteamos.
Todo ello se refleja en Sofía una niña que va recibiendo cartas con diversas preguntas y a la vez se las va planteando ella.
Las cartas dejan de enviarse, y Sofía conoce a la persona que se las envía, y éste le enseña la filosofía mediante charlas.
El libro da un giro tremendo más o menos al final que te deja un poco confuso. Aún así recomiendo este libro no a todas las edades, ya que puede resultar un poco pesado para los más pequeños, pero que se lea al menos una vez en la vida.
Nota: recorre la historia de los autores más importantes de la filosofía, pero echo en falta a Montesquieu, Voltaire y Rousseau.
En esta entrada haremos un comentario filosófico de la película "El señor de las moscas", que está basada en la obra de Golding.
La película trata de unos niños que naufragan en medio de una isla porque su avión cae al agua. El piloto huye y los niños se quedan solos en la isla. Al principio, los niños tienen un comportamiento similar al de un adulto, intentando buscar una manera de salir de la isla. Posteriormente, se dividen en dos grupos, uno dirigido por Ralph y otro por Jack, que por afán de ser líder va dominando al resto del grupo para que le obedezcan. Poco a poco los que siguen a Jack van formando un carácter animal, y pierden los valores, hasta tal punto que no les importa asesinar a alguien de los suyos. En cambio, el otro grupo sigue manteniendo el carácter racional. Cuando llegan los soldados, parecen arrepentirse de sus actos.
Los personajes principales que aparecen en la película son:
En esta película nos podemos encontrar todas las teorías contractualistas que hemos estudiado:
Me
encuentro en una casa, cerca de la costa, estoy de vacaciones. En mis 20 años
de vida, esta es la primera vez que puedo “descansar”. Pero no estoy bien.
Siento la carga del aire, que me impide respirar. Decido bajar a la playa, y descubro
un oasis, sin agua, lleno de basura, más de la mitad son mascarillas.
Cuando
era pequeña, mis padres me contaban que el mundo había sido diferente. No como
en su origen, pero tampoco como es ahora. Me es difícil imaginar esas épocas,
menos aún el futuro.
He
de decir que nunca he salido de mi casa, la mayor parte de mi vida la he pasado
sentada en mi escritorio. Tuve una infancia sin juegos, ni diversiones. Jamás
llegué a conocer un instituto, sin relaciones directas.
Todo fue por las pantallas, y no me di cuenta de cómo había sido hasta
hace unos días, cuando todo terminó. Me alegré del anuncio que pusieron en la
televisión de que habíamos vencido al problema.
Mis
padres murieron hace algunos años, el virus entró a sus cuerpos, en ese momento
la enfermedad era letal. Los hospitales se habían negado a ver a los enfermos,
por el alto riesgo al contagio.
Mis
padres, al igual que muchos otros, quisieron que viviera aislada en mi cuarto,
así que no llegué a contagiarme. Y eso me hace pensar, ahora que estoy aquí, de
qué me sirvió. Aprendimos, de la peor manera posible, que lo que más valor tenía era la
familia. Aunque yo me quedé sin la mía.
No
tuve tiempo de despedirme de mi madre, a la que más cariño tenía, ni de mi padre,
quien me enseñó cosas que nunca podré hacer.
Decido
no perder la esperanza, buscar a supervivientes por las casas. Poco a poco voy
reuniendo a las suficientes personas como para hacer lo que nuestros padres
debieron hacer en un principio: ser parte activa de la solución y no bajar
nunca la cabeza, menos ocultarse del mundo.
Empezamos
por quitar todos los residuos de la playa. Nos llevó un tiempo considerable,
pero cada vez somos más en esta tarea.
Pasa
el tiempo, y vamos reclutando a más personas hasta que ya somos un grupo
notable.
Nos
deshacemos de los aparatos que dañan nuestro hogar, hasta regresar a la época
que está en nuestros genes, pero no en nuestras vivencias. Somos
supervivientes.
En esta entrada intentaremos emplear los conceptos metafísicos y filosóficos en la película que analizaremos a continuación.
El show de Truman es una trama de tema filosófico que se centra en Truman, un hombre joven, que aparentemente lleva una vida de lo más feliz, sin dificultades o complicaciones. Y este es el problema, ya que él no se siente completo al formar parte de esa vida impecable. Quiere salir a recorrer el mundo y ver cosas nuevas. Él lleva una vida rutinaria que no se aparta de su monotonía, a tal punto que todos los días hace lo mismo y dice las mismas palabras.
Nosotros mismos queremos deshacernos de las complicaciones que a menudo aparecen en nuestra vida, y esta película intenta demostrarnos que no se trata de tener una vida perfecta, auténtica, sino al contrario, que incluso con problemas en nuestro día a día.
La realidad de Truman es falsa, porque vive encerrado en un show y no lo sabe. Por ello, se podría comparar con el mito de la caverna de Platón. En este caso, el protagonista vive encerrado en una ciudad ficticia. Sin embargo, éste consigue salir de su caverna y discernir las mentiras que le rodean.
Muchas veces, estamos dentro de una caverna, ya sea por las nuevas tecnologías, por ser popular o por dar una buena imagen, aun siendo conscientes de ello. O en otros casos, sin saber que estamos dentro de una burbuja.
El personaje poco a poco se va dando cuenta de que el mundo en el que vive no es cierto, y de que no es feliz del todo con su vida. Intenta salir, pero los actores que forman parte del show y el director no quieren que salga. A pesar de ello, Truman consigue despistarlos y dirigirse hacia su libertad.
Por eso, en el momento en él que pasa la barrera de lo que no es real, se siente libre. Él no había podido elegir dónde vivir, su familia, trabajo... Todo le había sido impuesto para ser grabado a todas horas. Al poder discernir sobre su futuro entiende lo que significa la verdadera felicidad.
La película nos plantea una dualidad entre lo artificial y lo real que podríamos extrapolar hacia la autenticidad y realidad. En el espectáculo, podíamos decir que se relaciona con lo que nos dice Parménides, que la realidad debe ser inmutable, que no cambie, y es así como los directores del show quieren que sea la trama, plana y que el sujeto no cambie.
Pero Truman se pondría en la postura de Heráclito, es decir, que necesita un cambio en su vida para que "todo fluya".
La verdad es que la primera vez que la vi, me surgieron muchas preguntas, y la que más se me quedó en la mente fue si nuestro mundo era así, si vivimos en una burbuja.
Y es así, ya que actualmente estamos enganchados a las nuevas tecnologías, de tal manera que no podemos pasar un rato con los amigos sin sacar el móvil para ver si nos han escrito, o ver los seguidores que tenemos en las redes.
En conclusión, es una película que merece la pena ver, ya que hace que te cuestiones ciertos aspectos de la vida, y también de la filosofía.
